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BOGOTÁ ESTÁ SOLA Y ALGUIEN TIENE QUE DECIRLO

  • Foto del escritor: EFRAIN MARINO
    EFRAIN MARINO
  • hace 12 minutos
  • 2 Min. de lectura


Por: José Jaime Uscátegui

Candidato a la Cámara de Representantes por Bogotá – Centro Democrático #102


Bogotá no está en guerra, pero tampoco está en paz, está sola. Sola cuando una madre ve salir a su hijo y no sabe si regresa. Sola cuando un comerciante paga extorsión para no perder lo poco que ha construido. Sola cuando un ciudadano denuncia y descubre que el sistema no responde.


Desde hace meses camino la ciudad y escucho siempre lo mismo: “Aquí nadie nos cuida”. No es una consigna política, es un grito contenido. Bogotá se cansó de explicaciones, diagnósticos y excusas, la gente quiere volver viva a su casa, así de simple, así de urgente.


Por eso decidí dar un paso al frente y promover un cabildo abierto para discutir la asistencia militar en Bogotá. No desde la comodidad de un escritorio, sino desde la realidad que se vive en las calles y lo digo sin rodeos: la ciudad está desbordada y el Estado está llegando tarde.


A algunos les incomoda la palabra “Ejército”. Prefieren debates semánticos mientras los delincuentes avanzan, yo prefiero hablar de víctimas, de prevención y de responsabilidad, la asistencia militar no es una invención ni una amenaza a la democracia, es una herramienta legal, constitucional y excepcional para cuando la Policía, sola, no da abasto.


No estamos proponiendo tanques en los parques ni soldados sustituyendo a la Policía, eso es una caricatura malintencionada, estamos hablando de apoyo estratégico, temporal y focalizado, con reglas claras, mando civil y control institucional, lo que sí es inaceptable es seguir mirando para otro lado mientras la criminalidad se toma barrios enteros.


He escuchado decir que esto “no resuelve las causas estructurales”, puede ser cierto, pero tampoco las resuelve dejar a la gente indefensa. La seguridad no es el punto final del desarrollo, es el punto de partida, sin seguridad no hay educación, no hay empleo, no hay dignidad posible.


Yo no hablo de seguridad desde la teoría, hablo desde la experiencia, desde el conocimiento del Estado, desde la convicción de que el orden también es un acto de justicia social. El primero que sufre la inseguridad no es el privilegiado, es el trabajador, el joven del barrio popular, la mujer que regresa sola de noche.


Hoy Bogotá necesita representantes que no le tengan miedo a las decisiones difíciles, que no se escondan detrás de discursos tibios, que entiendan que gobernar y legislar no es agradar a todos, sino proteger a la mayoría, por eso aspiro volver a llegar a la Cámara de Representantes por Bogotá, por el Centro Democrático, con el número 102. No para hacer política desde el aplauso fácil, sino desde la firmeza como lo hemos venido haciendo, no para justificar el caos, sino para enfrentarlo, no para normalizar la violencia, sino para detenerla.


Votar por mí es votar por una Bogotá que no se rinde, es votar por un Estado que vuelve a ejercer autoridad, es votar por el derecho a vivir sin miedo. Bogotá no necesita más silencio, necesita decisiones, y necesita quién las defienda.

 
 
 

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