top of page

CRÓNICA | AÑO NUEVO, VIDA NUEVA: LECCIONES FRENTE A UNA FOGATA QUE NO ERA REAL.

  • Foto del escritor: EFRAIN MARINO
    EFRAIN MARINO
  • 30 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Por: Efraín Marino @efrainmarinojr @corprensacol

La foto fue tomada un 30 de diciembre, en mi apartamento de ciudad, cuando el año se despedía sin ruido y la vida todavía no nos había pasado la factura completa. No había una fogata real, lo que aparece al fondo es un televisor gigante proyectando un video de leños ardiendo, queríamos simular el calor del hogar y funcionó. Lo curioso es que, aunque el fuego era falso, el calor se sentía de verdad, tal vez porque lo importante nunca fue la imagen, sino la compañía.

Éramos cuatro, yo era el menor, y sin que nadie lo dijera, el alumno.

El mayor era Hernando Rincón, boyacense, camisa azul, cuello rojo, voz de radio antigua, de esas que no se aprenden: se heredan con los años. Más de cincuenta años al aire, medio siglo contando el país cuando todavía se escuchaba con atención. Hernando hablaba con tono grave, despacio, como quien sabe que las palabras pesan más cuando no se apuran.

A la izquierda de la foto, de pie, estaba Manuel Novoa, bogotano, camisa azul, sirviendo el vino como si repartiera una primicia. Periodista de prensa escrita, director de la agencia de noticias Caribe Press. Metódico, exacto, amante de las referencias precisas. Siempre aclaraba —entre risas— que aunque apareciera a la izquierda, de izquierdas no tenía nada, que esa mano solo la usaba, según él, para ir al baño, así era Manuel: serio con el oficio, ligero e irónico con la vida.

Sentado, con lentes y mirada atenta, estaba Erasmo Guaqueta, también bogotano. Director del Periódico Pregón Distrital, especialista en política y opinión, hombre de argumentos largos y silencios oportunos. Bien vestido y caballero, Erasmo no hablaba para figurar, hablaba para ordenar la conversación, cuando lo hacía, uno sabía que valía la pena escucharlo completo.

Y a la derecha estaba yo. Efraín Marino, barranquillero, el menor. El que escuchaba más de lo que hablaba, el que esa noche no sabía que estaba recibiendo una lección que el tiempo no repetiría.

Entre copas de vino, risas tranquilas y la falsa fogata encendida, sonó la canción “Año Nuevo, Vida Nueva “, y alguien lanzó la pregunta que suele aparecer cada diciembre, casi por costumbre:

—¿Qué significa eso de “Año Nuevo, vida nueva”?

Manuel experto en deportes y música tropical respondió primero. Siempre tenía un dato guardado.

—Eso es de la Billo’s Caracas Boys, dirigida por Billo Frómeta, venezolano, y compuesta por Pedro Juan Meléndez Comas, colombiano.

Y como si el recuerdo obedeciera, se escucho la letra, esa que muchos cantan sin escucharla del todo:

… “Más alegre los días serán… Año Nuevo, Vida Nueva con salud y con prosperidad”

Después habló Erasmo, con ese tono suyo, más reflexivo.

—Para mí —dijo—, Año Nuevo, vida nueva es la oportunidad que nos da la vida cada año para hacer las cosas que quedaron pendientes el año pasado.

Era una definición sobria. Sin adornos, como una columna bien escrita. Finalmente habló Hernando. El más viejo. El más sabio. El primero que ya no está.

—Si queremos una vida nueva —dijo—, no podemos seguir haciendo lo mismo, porque entonces tendremos una vida igual. Si de verdad queremos algo diferente, tenemos que hacer cosas diferentes.

No levantó la voz, no hizo énfasis, no necesitó hacerlo. Esa frase se quedó flotando, como el humo que la pantalla fingía proyectar.

Yo no opiné, no corregí, no añadí nada, solo levanté la copa en hice el brindis. Aprendí en silencio, como se aprende cuando uno sabe que está frente a maestros.

No sabíamos —ninguno lo sabía— que seis años después Hernando sería el primero en irse, que luego marcharía Manuel, que Erasmo sería el último en partir. Y que yo quedaría aquí, con la tarea más difícil: recordarlos y no dejar morir lo que me enseñaron.

Hoy miro la foto y entiendo que no era una reunión cualquiera, era una clase, una conversación que hoy vale más que cualquier titular, una lección frente a una fogata que no era real, pero que nos dio calor del bueno.

Hoy, recordando esta foto que Facebook trajo de vuelta a mi memoria, quiero vivir lo que me quede de vida como si fuera una canción y disfrutarla a cada instante, como me enseño Manuel… haciendo las cosas que siempre quise hacer y que luego pospuse, dejé pendientes, archivé para después, como aprendí de Erasmo, entendiendo que cada año es una oportunidad para cerrar ciclos abiertos con uno mismo.

Y como diría Hernando, atreviéndome a vivir diferente si de verdad quiero resultados diferentes. En la foto solo quedé yo para contar la historia. Y quiero hacerlo bien, como me enseñaron ellos, mis amigos, mis maestros, los hermanos que me dio la vida.

 
 
 
bottom of page