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RESISTIR, COMO SIEMPRE

  • Foto del escritor: EFRAIN MARINO
    EFRAIN MARINO
  • 4 ago
  • 2 Min. de lectura

Editorial |

Por Efraín Marino @efrainmarinojr Presidente Corprensa Colombia


Foto: Blog Expediente MX


Dicen que en Colombia el periodismo tiene dos fechas. El 9 de febrero, por ese primer “Papel Periódico” del cubano Manuel del Socorro, al mando del virreinato de España; que vio la luz allá en 1791. Y el 4 de agosto, por la publicación de “La Bagatela” y la traducción de los Derechos del Hombre que hizo nuestro prócer Antonio Nariño, cuando decidió que no se podía callar más; dos momentos distintos, pero la misma raíz: la palabra escrita: la primera informando y la segunda desafiando el miedo.

Y sin embargo, ¿a qué sabe un “día del periodista” en un país donde todavía te matan por contar la verdad?. Aquí no hay día del periodista; aquí lo que hay es día del valiente, del terco, del que insiste en preguntar aunque le cierren puertas, del que escribe sin blindaje, del que informa con un ojo en la libreta y el otro en la amenaza, del que resiste.

Porque este oficio en Colombia nunca ha sido cómodo; desde sus orígenes fue rebelde. Antonio Nariño lo supo cuando lo encerraron por andar repartiendo ideas peligrosas; y lo sabe, hoy, ese reportero que cubre el conflicto armado en un rincón olvidado del mapa, con una grabadora vieja y el alma en la mano.

Nos quieren mansos; periodistas obedientes, bien vestidos, de escritorio, que repitan sin morder. Pero la prensa libre —la de verdad— no se arrodilla; no está para lisonjas ni para boletines; está para decir lo que duele, lo que pasa, lo que nadie quiere escuchar.

Por eso es que no me emocionan las medallas ni los discursos, esa etapa ya la supere, he visto colegas huyendo de sus pueblos con el miedo metido entre los huesos, he visto nombres borrados, voces silenciadas, crónicas que nunca llegaron al papel porque el papel ardió antes de imprimirse.

Y aun así, seguimos; aunque seamos pocos, aunque estemos cansados, aunque a veces no tengamos un salario; porque esto no se hace por gloria, se hace por conciencia, por pasión, casi como una religión.

Así que no me vengan con celebraciones vacías; mejor siéntense a escuchar a los que aún siguen contando la historia, a pesar de todo; a esos periodistas que, como Nariño, prefieren la cárcel al silencio; a esos que aún creen que la palabra, dicha con coraje, puede cambiar algo.


Porque más que un día, esto es una lucha, y más que una fecha, esto es una herida abierta. Feliz día, si se puede llamar así; porque en este país, ser periodista es un sinónimo más de resistir.

 
 
 

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