CRÓNICA | EL OFICIO DE SER PADRE.
- EFRAIN MARINO
- hace 6 días
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Por: Efraín Marino Rincón @efrainmarinojr @corprensacol
Hay hombres que pasan por la vida dejando discursos, otros dejan títulos, algunos dejan fortunas, pero los mejores padres suelen dejar algo mucho más valioso, un ejemplo.
Con los años he descubierto que ser padre no consiste en decirles a los hijos cómo deben vivir, consiste en mostrarles el camino mientras uno mismo lo recorre, porque los niños escuchan, sí, pero sobre todo observan, guardan en silencio cada gesto, cada decisión, cada renuncia, cada acto de amor.
Por eso, cuando pienso en la figura de un padre, inevitablemente recuerdo a San José, el padre de Jesús y esposo de María.
La historia apenas le concede algunas líneas, no aparecen grandes sermones pronunciados por él, tampoco discursos memorables ni largas enseñanzas registradas en las sagradas escrituras, sin embargo, su legado terminó cambiando el mundo.
Imagino a Jesús siendo apenas un niño, observando a su padre adoptivo en el taller de carpintería, viendo cómo elegía cuidadosamente cada trozo de madera, cómo corregía una imperfección aunque nadie fuera a notarla, cómo cumplía su palabra cuando aceptaba un trabajo, cómo llegaba temprano, cómo respetaba a sus clientes y cómo convertía el esfuerzo diario en una forma de dignidad.
San José entendió algo que muchos olvidan, los hijos aprenden mucho más de los ejemplos que de los consejos; nunca necesitó decirle a Jesús la importancia de la responsabilidad, porque la practicaba cada día, no tuvo que explicarle el valor de la honestidad, porque vivía de ella, tampoco hizo falta un discurso sobre el trabajo bien hecho, bastaba verlo ejercer su oficio para comprenderlo.
Quizás por eso fue considerado el mejor carpintero de su tiempo, no porque trabajara más rápido que los demás, sino porque entendía que cada obra llevaba una parte de quien la construía, cada mesa, cada puerta y cada herramienta salían de sus manos con la misma dedicación con la que un padre intenta formar a sus hijos.
Y así ocurre también en nuestros días, muchos padres creen que serán recordados por las cosas que compraron, cuando en realidad serán recordados por las cosas que hicieron; los hijos olvidan el precio de los regalos, pero recuerdan quién estuvo presente en los momentos difíciles, recuerdan quién cumplió su palabra, quién trabajó con honestidad, quién respetó a los demás, quién ayudó al vecino, quién regresaba cansado a casa y aun así encontraba fuerzas para preguntar cómo había estado el día.
La verdadera herencia de un padre no se encuentra en una escritura pública ni en una cuenta bancaria, se encuentra en los hábitos, los principios y los valores que deja sembrados en el corazón de sus hijos.
Por eso, en este “Día del Padre”, vale la pena agradecer a esos hombres que, como San José, enseñan sin levantar la voz, que educan sin imponer, que corrigen sin humillar y que transforman vidas sin buscar reconocimiento.
Porque tal vez los grandes padres son como los buenos carpinteros, trabajan durante años sobre una obra que no siempre muestra resultados inmediatos, pero un día descubren que aquella pequeña semilla de ejemplo se convirtió en un hombre o una mujer capaz de caminar por la vida con integridad.
Y si hoy el Padre Celestial quisiera hablarles a todos esos hombres que han entregado su vida por sus hijos, quizás les diría:
"Hijo mío, he visto cada sacrificio que hiciste cuando nadie más lo notó, he visto las preocupaciones que guardaste en silencio, las noches en las que el sueño no llegó porque estabas pensando en el bienestar de tu familia, he visto tus esfuerzos, tus caídas y también tus victorias.
Gracias por amar, gracias por perseverar, gracias por enseñar con tu ejemplo. Recuerda que ningún acto de amor es pequeño cuando nace del corazón, sigue construyendo vidas, sigue sembrando esperanza, porque así como tus hijos aprenden de ti, tú nunca dejas de aprender de Mí."
Feliz Día del Padre para esos hombres que no necesitan grandes discursos para cambiar el mundo, porque su mejor enseñanza, ayer, hoy y siempre, ha sido su ejemplo.







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